El uso del lenguaje es un detalle que ha traído un debate sobre lo que está bien y lo que está mal. Si hay algo de lo que se caracteriza cualquier idioma es su capacidad de adaptación a los tiempos, especialmente a la cultura actual.

Y la forma en que se usa, las palabras elegidas, las expresiones, los “acentos” determinan mucho de nosotros. Desde de qué barrio (provincia/país/región) venimos o a qué clase social pertenecemos, incluso la edad que tenemos, entre muchas otras cosas.

Ahora, con el tema del lenguaje inclusivo, me atrevo a sumar cuán machirulo somos.

Si bien el lenguaje inclusivo trae confusión y es difícil usarlo en algunas ocasiones, no hay que dejar de olvidar que en estos términos el lenguaje actual —que es machista ya que asume que el uso del masculino es universal— también trae confusión. Y es el lenguaje inclusivo el que trae claridad. Por ejemplo:

(un varón hablando)

— No, yo eso no lo hago más, me aburrí. ¡Qué lo haga otro!

(una mujer hablando)

— No, yo eso no lo hago más, me aburrí. ¡Qué lo haga otra!

En el primer caso no sabemos si ese “¡Qué lo haga otro!” se refiere a que lo haga otro varón u otra persona (en general). En el segundo se refiere a que lo haga una mujer, sin duda, y además deja afuera a los varones para hacer esa tarea, dando por sentado de que lo puede hacer una mujer exclusivamente.

(una persona hablando)

— No, yo eso no lo hago más, me aburrí. ¡Qué lo haga otre!

Acá no hay duda, se refiere a que lo haga otra persona, indistintamente de si es varón o mujer (para las identidades diversas no binarias aún no hay ni lenguaje… -.-)

Por supuesto hay muchos ejemplos para un lado y para el otro, pero lo que más me refiere esta discusión es qué se le juega al que reivindica el uso tradicional, donde el masculino se usa para el genérico.

¿Es de machirulo entonces?

¿Por qué lo defiende tanto? ¿Es acaso porque “el idioma está pensado para entendernos entre todos y así no se entiende nada”? O será porque “¡Todo esto ya está establecido, no rompan los huevos!”, pasando por el “¡Me hace mucho ruido, como los horrores ortográficos!”. La realidad es que para todo hay una respuesta:

  • Ahora no se entiende nada porque no estamos acostumbrados a escucharlo (como no nos entenderían los argentinos del siglo XIX)
  • Todo también estaba establecido antes, cuando no había “ustedes” (deberíamos seguir hablando con vosotros), ni el “vos” se usaba de la forma que lo usamos nosotros.
  • Y cosas que eran errores de ortografía se han terminado aceptando, como la calor, bluyín, almondiga, arremangar, etc.

 

La pregunta que yo me hago es “¿qué tan machirulo somos a la hora de adaptarte a esto?”. El otro día escuchando una disertación de un varón con respecto a nuevas masculinidades dijo:

— No, yo eso no lo hago más, me aburrí. ¡Qué lo haga otra!

Y no es que él se considerara mujer, sino que en vez de usar el masculino para generalizar uso el femenino.

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1 Comment

  1. “No vemos la realidad como es, la vemos como somos”
    El argumento podría estar bien, pero las premisas son falsas, por lo que la conclusión es falsa.

    Nunca una mujer que haya aprendido español hubiera dicho “que lo haga otra” cuando quien podría suplantarla podría ser de cualquier género. hubiera dicho que lo haga otro. Y no se le hubiera ocurrido pensar que eso significa varones. Como si hubiera dicho “que lo haga otra persona”, tampco hubiera supuesto que eran mujeres porque termina con “a”. ¿Las mujeres terminan todo con “a” y los hombres todos con “o” cuando existen ambas? ¿En qué universo?
    Buscaste la premisa que iba con la conclusión y eso genera una conclusión falaz.

    Periodistas, presidentes, ingenieros, dentistas, personas o jueces, nunca han deteminado el género de esos colectivos. Hay con a, hay con e, hay con o. Tal vez hay más con o, puede ser. ¿y? ¿eso significa que su uso es machista? ¿Que eso genera una sociedad machista? ¿Que eso ayudó a la exclusión? ¿Cuál es la prueba científica-psico-sociológica de todo eso? Si arrancamos de justificaciones endebles, todo el resto del castillo se cae.

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